Aprendizaje autodirigido

Por Kerry McDonald (wholefamilylearning.com).

Traducción de Francesc García-Gonzalo (Eklektikos).

En mi infancia, recuerdo contar los días que faltaban para acabar el año escolar. Cuando llegaba junio, marcaba en mi calendario el día de la excursión a un museo y el de la excursión al campo, con sus carreras de sacos y juego de la cuerda. Esos no eran verdaderos días de escuela, eran días de diversión, así que no los incluía en mi recuento. ¡Y a mí me encantaba la escuela! Aunque hoy me pregunto: si me gustaba tanto la escuela, ¿por qué estaba tan deseosa de que terminara?

Esta época del año mi buzón de Instagram se llena de fotos que anuncian el último día de escuela, tanto para escuelas en casa como para escuelas convencionales. A menudo, estas fotos van acompañadas por otra del primer día de escuela en otoño, yuxtaponiéndose comienzo y fin. Lo entiendo. La infancia pasa tan deprisa que ansiamos tener marcadores tangibles del paso del tiempo, medidas visibles de crecimiento.

Estas fotos evocan vívidamente lo distinto que es el unschooling de la escolarización estándar o en casa. En el unschooling, no hay principio ni fin. Ni siquiera puedo imaginarme tener una foto de final de curso con mis hijos. ¿Qué clase de foto sería esa? ¿Final de qué?

Para los unschoolers, el aprendizaje está entretejido en el proceso natural y continuo de vivir. No está separado por asignaturas ni confinado a ciertas horas o días preestablecidos. No sigue un currículum lineal que determina cómo, cuándo y qué aprenderá un ser humano. No está predeterminado. No se impone por la fuerza.

En Cómo Fracasan los Niños, John Holt describe cómo se condiciona a los niños a ser enseñados, cómo se les fuerza a aprender, manipulándolos con premios y castigos. Los niños aprenden que esto es lo que significa ser educados: son otros quienes controlan los hilos del títere. Aprenden que el aprendizaje no reside en ellos mismos, sino que está bajo las órdenes de otros. Escribe Holt:

“Esta idea de que los niños no aprenderán sin premios y castigos externos (o, en la devaluada jerga conductista, sin “refuerzos positivos y negativos”), suele convertirse en una profecía que se cumple a sí misma. Si tratamos a los niños el tiempo suficiente como si eso fuera cierto, se acabarán creyendo que lo es. Me han dicho tantas veces: “Si no les hiciéramos hacer cosas a los niños, ellos por sí mismos no harían nada”. Peor aún, dicen: “Si no me hicieran hacer cosas, yo no haría nada”. Es el credo del esclavo (énfasis en el original).”

Mis hijos leen, escriben, calculan y exploran todo tipo de temas durante todo el año—no porque les digamos que lean, escriban, calculen y exploren, sino porque les interesa realmente aprender. Nadie les ha inculcado lo contrario. Leen libros que les apasionan, preguntan a diario si pueden jugar a Prodigio Matemático en el ordenador porque les gusta mucho, escriben entradas de blog o guiones o emails o historias porque ellos así lo deciden—no porque nadie les empuje a hacerlo. No tienen ningún motivo para pensar que las matemáticas son algo que uno hace sólo durante ciertas épocas o como una actividad de “enriquecimiento”. No se les pasa por la cabeza que alguien pueda ser obligado a leer o escribir algo. Leen y escriben porque quieren, porque les resulta útil y les gusta. No tienen un esquema mental según el cual la lectura, escritura y aritmética son pesadas asignaturas de las que intentarse evadir, o que están reservadas para ciertos lugares y momentos.

Mi hija de 11 años está siguiendo un riguroso curso de escritura novelística a través de Outschool.com, una plataforma de aprendizaje por internet para niños. El curso lo da un novelista distinguido e incluye sesiones en directo con sus compañeros de clase de todo el mundo, de los que se espera que escriban muchos textos, de los que van recibiendo comentarios. Es un compromiso considerable, pero a ella le apasiona y es ella quien lleva el mando. Como padre de unschooling, yo le sugerí Outschool como posible recurso, junto con otras clases locales de escritura. Ella decidió que este curso por internet era lo que mejor se ajustaba a sus objetivos. Escribe constantemente, se prepara a conciencia para sus clases, y está en contacto con muchos de sus compañeros de todo el mundo a través de Google Hangouts. Ella sabe que si este curso deja de satisfacer sus objetivos, puede dejarlo en cualquier momento. Por ahora ese no es el caso: acaba de matricularse a una extensión del curso para los tres meses de verano. Curiosamente, varios de sus otros compañeros para el verano son homeschoolers.

El aprendizaje no coactivo, autodirigido, motivado por intereses propios y facilitado por adultos no tiene ni primer ni último día. El unschooling está entretejido en la vida diaria, pues el verdadero aprendizaje no va asociado a ningún calendario arbitrario. Mis hijos no están anticipando el final de nada este mes. Si hubiese algo que no quisieran estar haciendo, lo habrían dejado ya de hacer.

Los ritmos veraniegos serán parecidos a los primaverales. Seguirán jugando con amigos y persiguiendo aquello que les apasiona. Mañana se asemejará a ayer y a la semana que viene. Nadaremos tanto en septiembre como nadamos en junio. La lectura, escritura y aritmética (y mucho más) serán exploradas, libre y jovialmente. Con fotos o sin ellas.

_________________

Kerry McDonald escribe sobre aprendizaje, política educativa y unschooling. Sus artículos han aparecido  en Forbes, Newsweek, NPR, Education Next, Natural Mother Magazine, FEE.org, e Intellectual Takeout, entre otros. Es licenciada en Economía por Bowdoin College y tiene un máster en políitica educativa por la Universidad de Harvard. Es cofundadora de AlternativesToSchool.com, y miembro de la junta directiva de la Alliance for Self-Directed Education. Kerry vive y aprende junto con su marido y sus cuatro hijos que nunca han ido a la escuela (edades 4 a 11) en Cambridge, Massachusetts, EE.UU.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *