Elogio de una educación lenta

Entrevista a Joan Domènech, director de la escuela Frustuós Gelabert.

“EL FRACASO ESCOLAR ESTÁ EN LA MISMA GÉNESIS DEL ACTUAL MODELO DE ESCUELA”


Joan Domènech, director de la Escuela Pública Fructuós Gelabert de Barcelona, dice que cuando se tienen 50 años no se está seguro de nada. Sin embargo, él está bastante seguro de que el actual modelo de escuela, con los currículum sobrecargados, aceleración de procesos de aprendizaje y obsesión por los resultados, lleva directamente al fracaso escolar. En su libro “Elogio de una educación lenta”, Domènech, un nombre clave en el movimiento de renovación pedagógica de Cataluña, plantea una revisión radical de la escuela del siglo XXI.
¿La defensa de una educación lenta no es un ejercicio de nostalgia?

Una compañera de la Universidad de Gerona me decía que estábamos defendiendo ideas de los años 60 en el siglo XXI. Es cierto que en el libro se defienden un conjunto de valores que de forma cíclica hemos de recordar.

Parece que cada cierto tiempo hay que decir: “¡Eh! Que la escuela es esto y no esto”. Sin embargo, no creo que la mirada sea nostálgica, muy al contrario, es totalmente actual. Es la respuesta a un contexto social que viene marcado por la aceleración, el consumismo y esa infelicidad tan productiva que tenemos hoy. En ese contexto, la escuela se dirige a un callejón sin salida y hay que dar una alternativa. Y, claro, cuando ofreces una alternativa siempre recuperas ideas que no son nuevas para hacer frente a algo que no te gusta: por ejemplo, la idea de la educación como un valor cultural y no de consumo. No es nueva, pero es urgente plantearla hoy, cuando la competitividad y el consumismo se adueñan de la escuela.
En los últimos años han surgido diversos movimientos de la “lentitud”, como las ciudades lentas o la comida lenta…
Sí. Este trabajo bebe de esa necesidad general de luchar contra la aceleración contemporánea que es el origen de muchos otros problemas. Aunque yo hago una lectura progresista de estos movimientos de la lentitud que ideológicamente no son, ni mucho menos, homogéneos. En la primera parte del libro, hago una reflexión sobre cuáles son las características comunes de este tipo de movimientos. Por ejemplo, la apuesta por la calidad, por volver al tiempo de las personas, la idea de sostenibilidad. Todos estos movimientos, en estos momentos, están haciendo planteamientos más generales. Por ejemplo el “slow food” (comida lenta) en sus últimas reflexiones, supera el marco de alimentación para hablar de muchas más cosas.
¿Cuáles son los problemas que padece la escuela y que te llevan a hablar de la necesidad de una educación lenta?
Creo que es Ángel Pérez quien dice que el fracaso escolar no es solamente tener malos resultados en las áreas de lengua y matemáticas, sino tener aprendizajes efímeros o irrelevantes para la vida. Yo creo que, en estos momentos, el modelo escolar que se caracteriza por un intento de acelerar los aprendizajes y por un currículo absolutamente sobrecargado, nos lleva directos al fracaso escolar, que está en la misma génesis de este modelo de escuela obsesionada por los “resultados”.
Si has de alcanzar 53 objetivos en un curso, tienes la certeza de que 51 no van a ser conseguidos por una mayoría de niños y niñas. Por tanto, los estás abocando al fracaso. El fracaso es promover aprendizajes efímeros. Esto pasa en primaria pero también en secundaria: el alumnado estudia para responder a un requerimiento que le hacen y para olvidarse una vez se ha cumplido con ese requerimiento. Este modelo no nos sirve. Pero vamos, es de sentido común. Es el “poco a poco y buena letra”, “el vísteme despacio que tengo prisa”. Lo que es una paradoja es esta aceleración en la escuela en un momento en que se extiende el tiempo de formación a lo largo de toda la vida. Se nos plantea que vivimos en una sociedad en la que vamos a estar toda la vida aprendiendo y, sin embargo, tenemos una prisa enorme en que los niños lo aprendan todo. Y aquí hay una especie de pensamiento mágico con el tema del currículo: se piensa que apuntando las cosas en él, los niños lo aprenden de forma automática.
Planteas que una educación en competencias choca frontalmente con el actual modelo de escuela “acelerada”.
Si somos consecuentes con el planteamiento genérico que supone el trabajo por competencias, hemos de cambiar muchas cosas en la escuela. Por ejemplo, el uso del tiempo y del espacio en ella, o la distribución de recursos humanos. Lo que no puede ser es que un alumno tenga 8 profesores diferentes, o más, o que los tiempos en la escuela primaria estén tan fragmentados como en la secundaria.
¿Por qué?
Porque el trabajo por competencias requiere interdisciplinariedad, aplicabilidad de los conocimientos, una idea de equilibrio entre lo que el niño quiere saber y lo que tú, como maestro, crees que ha de aprender. Estos equilibrios son imposibles de hacer con una estructura de horario fragmentada, el predominio del libro de texto, con un planteamiento didáctico de “explicación-actividad-control-actividad complementaria”. Todo esto no tiene sentido si se trabaja por competencias.
Defender una educación lenta no quiere decir que todos los aprendizajes tengan que ser lentos.
Efectivamente, el libro se debía haber titulado “Elogio de la educación del tiempo justo”, pero eso no se entiende. Yo sí creo que la educación es una actividad lenta, la educación que supone que tú haces un aprendizaje y después eres capaz de aplicarlo, es un proceso lento. Pero en realidad, lo que se plantea es que el ritmo se ha de adecuar al aprendizaje y a la persona. Lo que ocurre es que en la situación actual decir esto es hablar de la educación lenta porque todo está contaminado de esa velocidad vertiginosa y hay que poner el freno de mano. Pero el freno de mano no quiere decir que siempre has de ir poco a poco, sino que hemos de adecuar el tiempo a cada aprendizaje y a cada alumno. Por ejemplo: el aprendizaje de la lectura es lento. Ya lo dicen José Antonio Marina y María Valgomà, en el libro „La Magia de leer‟. Todo el mundo que habla de la lectura hace la misma reflexión: es una actividad lenta y, por tanto, su aprendizaje también ha de ser lento. En la medida que en la escuela lo único que se evalúa es la velocidad, estás pervirtiendo el sentido del aprendizaje.
En el libro hablas de la distinción entre el cronos y el kairos.
Sí. El cronos es esa concepción del tiempo que se traduce en la idea de “yo tengo un horario y me tengo que adaptar a él”. La misma actividad, interpretada desde una concepción del tiempo como kairos, diría: “Yo quiero que los niños aprendan una cosa y voy a ver cuánto tiempo necesito”. Esto rompe toda la actual estructura organizativa de la escuela.
Desde la primaria a la Universidad, todo comienza con el horario encima de la mesa. Si hay algún elemento preliminar en la tarea docente es el horario. ¿Cómo se empieza a trabajar de otra manera? ¿Hay experiencias?
Sí que hay escuelas que se están planteando incorporar la calma y la tranquilidad a su proyecto educativo de manera institucional. La mía, por ejemplo, no se ha planteado el tema de forma institucional, pero sí de forma práctica: tú no ves en ninguna aula un horario donde diga lengua, matemáticas, etc. Es verdad que estamos en tercero de primaria, porque somos una escuela de nueva creación, pero organizamos el tiempo de otra forma. Distinguimos tres grandes momentos: antes del patio, después del patio y después de comer. Se trata de organizar la vida en el aula en tiempos más largos, que se puedan adaptar a cada actividad que estés llevando a cabo. Eso no quiere decir que en ese tiempo no puedas hacer varias actividades, sino que tienes más libertad, más flexibilidad y más autonomía para adaptar el ritmo a lo que estás haciendo. La otra idea es usar las tijeras. Lo que es impensable es coger el currículum y decir: los niños han de aprender todo esto. Hemos de decidir qué es lo común y básico. En el momento en que las escuelas decidamos esto, estaremos dando el primer paso para que las cosas puedan hacerse en el tiempo real que necesitan.

Abrumando a los niños…

Experto en pedagogía Waldorf sostiene que es ridículo abrumar a los niños con notas y evaluaciones.

Por lo anterior en este método es muy importante que los niños tengan tiempo para ser niños, puedan jugar y aprender con el movimiento, lo que se contrapone al modelo de las escuelas tradicionales, donde los alumnos aprenden sentados en una silla.

Si bien la este sistema educativo es popular en Alemania y países escandinavos, cada vez gana más adeptos de todas partes del mundo.

En las escuelas Waldorf son los niños quienes llevan el ritmo del su proceso educativo, ya que aprender a leer a después de los 6 años o incluso a los 8, y mientras están en edad escolar tienen una fuerte formación artística y musical. Según los defensores, este método permite que cuando los jóvenes llegan a la universidad, su rendimiento se sitúe sobre la media.

Christopher Clouder


Christopher Clouder, profesor y escritor, y uno de los máximos expertos de la pedagogía Waldorf, cree que la educación tradicional podría quedar obsoleta en unos años. En su parecer ya se cumplió el ciclo, puesto que procede del siglo XIX. Pero de todas formas aclara que no está todo mal en ella, sino que necesita evolucionar.


Según el experto se debe poner énfasis en la autoexploración, ya que los niños necesitan que se les estimule la creatividad, el coraje y el trabajo en equipo, más que que enfocarnos en que asimilen ciertos conocimientos, ya que todo lo que nos podemos preguntar tiene una respuesta en internet.

Respecto al actual sistema educativo, Clouder sostiene que desde muy temprana edad los niños son expuestos a un entorno muy competitivo, cuando lo natural en ellos es cooperar con sus pares.

De igual forma lamenta que la gran obsesión actual sea transformar a los niños en unidades económicamente operativas en un corto plazo e indica que aunque no se presione con plazos, los niños de igual forma aprenden y más rápido de lo que todos creen, por lo que a su juicio abrumar a los chicos con exámenes y notas desde muy temprana edad es ridículo, tal como consigna cincodias.com.

Para muchos la idea pasar por la escuela y no tener exámenes, puede resultar poco efectivo, pero en las escuelas amparadas bajo este método, los niños pasan distintos retos y su meta es realizarlos cada vez mejor, ya que abogan por la autosuperación, que es algo que dura para toda la vida. Y añade que los exámenes como todos los conocemos cobran sentido cuando tienen mayor edad.

Como se mencionó anteriormente, por su contribución al desarrollo personal, el arte y la música tienen un papel fundamental en la pedagogía Waldorf. Christopher Clouder ahonda en este tema expresando que aportan armonía y todas las artes implican movimiento, agregando que cuando a los niños se les deja solos dibujan, cantan, saltan, se mueven y esto tiene una respuesta científica: el movimiento genera sinapsis en el cerebro, estimulando las conexiones neuronales.

Asimismo se ha demostrado que aquellos niños que tienen una gran educación artística, poseen una mejor salud mental, la deserción escolar disminuye, así como también el consumo de drogas.


Fuente: http://reevo.org/externo/abrumar-a-los-ninos-con-notas-y-evaluaciones-no-seria-la-mejor-tecnica-educativa-2/