Las altas capacidades se cocinan mejor en casa

Nos ha parecido muy interesante este post del blog Aprendizaje Supra Escolar y que se puede encontrar aquí en su versión original. En él se aúnan la experiencias personales de una familia homeschooler con tres hijos de AACC:
“El 2.28% de la población estudiantil en México tienen alta capacidad intelectual y de éstos, sólo el 1.8% esta siendo atendido, dejando un 98.2% sin atender.

La palabra «superdotado» no le cae bien al mundo. ¡Ni siquiera a mi marido le gusta! Soy madre de tres niños con las características que voy a enlistar:

• Aprenden muy rápido y casi sin ayuda

• Tienen excelente memoria
• Tienen alto sentido de moral y justicia
• Muestran gran creatividad
• Son observadores y hacen preguntas constantemente
• Muestran hiperactividad
• Muestran pérdida de atención y se aburren fácilmente
• O son líderes o son introvertidos
• Duermen poco
• Son muy perfeccionistas
• Son hipersensibles
• Frecuentemente están alerta explorando intereses inusuales

Según la Organización Mundial de la Salud, se trata de alta capacidad cuando se tiene un IQ igual o mayor a 130. Ningún niño de altas capacidades es igual a otro, por eso siempre recomiendo a las mamás que las guíe su intuición ya que nadie mejor que nosotras para identificarlos.

En cuanto a la influencia ambiental o genética de las altas capacidades, hay discrepancias. Yo creo que las Altas capacidades y el educar en casa van muy bien de la mano. Si bien la genética influye, no es determinante para poseerlas ya que hasta un 50% lo compone el ambiente y no me imagino un mejor lugar para que un niño potencialice su capacidad intelectual, como uno que aprende sin restricciones. No lo digo como regla general, pero sí creo que los niños educados en casa tienen más posibilidades de desarrollar altas capacidades.

Mi aventura, como la de muchos, comenzó con mi primera hija, ya que mientras crecía, cada día me asombraba más con todos sus avances y adelantos. ¡Era sorprendente! Cosas que para mí eran el día a día con ella, asombraban a la gente y siempre me preguntaban cómo le había enseñado a hacer tal o cual cosa pero la verdad era que ella aprendía por sí sola.





¿Mi hijo un superdotado?

La idea de que mi hija fuera superdotada alguna vez cruzó por mi cabeza, pero nunca la consideré seriamente. Ahora he tratado de persuadir a los padres sobre la importancia de evaluar y atender a estos niños para evitarse problemas futuros, pero parece que nuestros niños jamás llenan los requisitos (y a decir de muchos padres, ni Kim Ung-Yong los llenaría). Lo que sí es cierto es que cuando ya tenemos el resultado respiramos hondo y decimos: «con razón era así».

Mi hija en la escuela

Mi hija siempre había sido una niña con un hambre enorme de aprenderlo todo. A sus 4 años llegaba a diario con libros de la biblioteca sobre rocas, fósiles, sobre volcanes, el universo, etc., y no paraba de leerlos hasta llegar a la última hoja. Muchas cosas las memorizaba al pie de la letra solo con haberlas leído una vez.

De pronto noté en ella un cambio drástico de la noche a la mañana. Su interés y dedicación decayeron al punto que tenía que obligarla a hacer sus deberes. “La escuela no es para aprender” decía. Bajó no solo su rendimiento escolar, sino que dejó todos sus intereses y aficiones. Empecé a ver claramente como mi hija pasó de ser “ella misma” a ser “lo que tenía que ser”. Dicho en otras palabras aquella ya no era mi hija. Era una niña que se adaptaba y se camuflaba para ser aceptada y comprendida, solía ser líder, ahora era “la menos preferida” dicho de sus propias palabras.

Buscando y leyendo me topaba con que éstos problemas eran clásicos en las altas capacidades y el primer paso para ayudar a estos niños es evaluarlos.

¡Así que por fin la evaluamos y el resultado fue extraordinario! Con un IQ muy alto. Por un lado sentía una gran alegría por el resultado pero por otro había impotencia sobre cómo actuar o cómo ayudarla. Era ridículo forzarla a hacer cosas que ya las sabía desde años atrás. Hubo frustración, enojo, libros tirados al piso y lágrimas (de ella y mías también). Todo aquello era un fastidio. Yo ya estaba cansada de dar explicaciones sobre la necesidad de la adaptación curricular, de mostrar que no se trataba de «presunción» sino de preocupación. Cuando vi las encuestas me alarmé aún más, me dí cuenta de que el 60% de los niños superdotados para 5to. de primaria ya tienen un promedio bastante bajo y que en secundaria tenían hasta un 60 % de posibilidades de un total FRACASO ESCOLAR. ¡No podía creer a lo que esto nos estaba llevando a pasos agigantados!, ¡no podía creer la apatía de mi hija hacia el aprendizaje que tanto amaba! y tampoco podía resignarme.

Me mantuve en contacto con otras mamás de niños con altas capacidades y no exagero al decir que el 99% de nuestros hijos tenían problemas en la escuela. Entre el bullying y la falta de interés de sus maestros, la apatía y el aburrimiento crecían a medida que los niños avanzaban de grado escolar. Era increíble leer día tras día nuevos casos, pero todos sobre lo mismo: «ayúdenme, no sé qué hacer, no me quieren acelerar a mi hijo» «el director nos puso una cita pero dijo que no prometía nada…» etc., etc.

Me parecía increíble tener que resignarme y consolarme leyendo docenas de casos como el mío pensando «no somos los únicos, muchos más también lo están viviendo».

El problema no quedaba en mi hija mayor, ya que la de en medio, estaba por ingresar al kínder el año entrante y nuestro tercer hijo un año después. Ambos niños con características notorias de altas capacidades. No podía imaginarme volver a pasar lo mismo una y dos veces más.

Llegó nuestra respuesta

Un día en la web, entré a una asociación para superdotados en México y vi que alguien había publicado un video, era un video de Sir Ken Robinson, mi esposo y yo lo vimos juntos y empezamos a discutirlo. De alguna forma terminamos diciendo «por eso es que hay gente que educa en casa», por unos dos minutos se hizo el silencio y a mi esposo le brillaron los ojos como cuando alguien encuentra un tesoro, entonces supe que era lo que íbamos a hacer.

En un principio me negué, por simple ignorancia, porque se nos vienen a la mente niños aislados, tristes sin escuela y nos imaginamos tratando de ser maestros de nuestros hijos 6 horas diarias, pero entre más leía más me convencía, de pronto estaba tan emocionada que no podía esperar. Mil ideas venían a mi mente, nada se ajustaría tan bien a nuestro tipo de hijos como el educar en casa.

El solo pensar en dejarlos libres para aprender todo lo que quisieran, el no tener que volver a escuchar «ya no le enseñes nada para que no se aburran más».

En fin, aquí estamos con tres niños a punto de comenzar y estamos felices. Como madre de tres niños con necesidades educativas especiales, quisiera no dejar de recomendar esta excelente opción. Nuestros hijos han sido dotados por Dios con extraordinaria inteligencia, misma que el sistema ahoga y mata con el paso de los años. Son nuestros niños más inteligentes, también los menos atendidos por este sistema (incluso a los niños con retraso se les atiende mucho más y mejor) y por lo tanto los más vulnerables al ser también hipersensibles.

Los niños verdaderamente inteligentes y talentosos, no son los del cuadro de honor, ni los de  puros dieces; están escondidos detrás de un pupitre tratando de no sobresalir, porque se les han cortado las alas.

Espero que valores lo que tienes en casa lo suficiente como para tomar su educación en tus manos, y regresársela a tus hijos, quienes son los dueños de su propio aprendizaje, y no seguir esperando que existan «escuelas para superdotados». No creo que exista un mejor lugar para los de alta capacidad como el aprender en el hogar y dejarlos volar tan alto como quieran llegar.”


Diana Rubalcava

Una respuesta a “Las altas capacidades se cocinan mejor en casa”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *