Fátima y los «coles» carcelarios


Ayer estuve de paso con mi hijo en un parque del pueblo de al lado. Niños y adultos en un tótum revolútum que, lo siento, me daba más pena que alegría.

Porque se respiraba la agresividad entre las criaturas (patadas, empujones, «chívate a tu madre»), las torpes intervenciones de los adultos (cachetes, regañinas, defensas inapropiadas tipo «¡¿qué le has hecho a mi niño?!»…).

Declaro hostiles algunos parques con su fauna.


Y, ¡oh maravilla!, en medio de aquel lodazal se acercó a hablar conmigo una criatura de 10 años, Fátima, marroquí de rasgados ojos verdes y dulzura infinita. Una mezcla de esa sensatez que da ser la mayor de tres hermanos en una familia humilde y de la fantasía de querer saber si las sirenas de verdad existen.

Hablamos de tantas cosas… No hubo que tirarle de la lengua para que enseguida me contara su visión del entorno. «¿Y en el patio a qué juegas?», sugerí, con una sonrisa. «¡Yo ya tengo diez años!! ¡¡A nada!!», contestó, a medio camino entre ofendida y alucinada. Qué dolor de respuesta… Y de ahí pasó a lo triste que es que en el patio de su cole no se pueda jugar «porque no hay nada, ni un columpio ni una pelota ni nada…» y de que los niños pasen el recreo peleando, «los árabes con los árabes y los demás también». Como el día que en clase pisó sin querer a una niña y la profesora la castigó pese a sus explicaciones…
«Ojalá hubiera otro mundo que no fuera como este…», dijo. Y ella entonces sería sirena y nadaría entre corales y algas y delfines…

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Fátima, el tesoro que un martes no cualquiera me regaló la vida. Gracias.
Por Raquel Rodríguez

A vueltas con los deberes de verano

Por Virginia Potts
felices sin deberes
Los niños ya llevan un tiempo envueltos en las vacaciones de verano y hace poco más de un mes los padres tuvieron que leer las recomendaciones de algunos profesores (por suerte, no todos) para que los niños/as practiquen matemáticas, lengua castellana, inglés y no sé cuántas cosas más en verano. Personalmente, soy una defensora de que los deberes (y más en épocas estivales) no son instrumentos pedagógicos sino herramientas abusivas. Los niños, y más con el sistema educativo actual que tenemos, se han pasado todo el curso estudiando para los exámenes, realizando deberes hasta posiblemente altas horas de la noche impidiéndoles así disfrutar de lo que únicamente son: niños. Me parece una increíble incoherencia que días después de haber terminado el colegio, por las mañanas o por las tardes, estén haciendo cuadernillos de repaso para que no se les olvide lo aprendido durante el año. Por lo que a mí respecta, eso me parece un error de los grandes.
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Mucho más de lo que pensamos, los niños se esfuerzan durante el curso por aprobar las asignaturas y ser inútilmente calificados con buenas notas creando en algunos de ellos un nivel de estrés que en niños no es para nada normal. Creedme, lo último que necesitan en verano, ni en navidades, ni en semana santa es ponerse a estudiar de nuevo como si todavía estuviesen en el colegio. Lo que realmente necesitan es descansar, aprovechar el tiempo vacacional haciendo lo que les gusta, descubrir experiencias nuevas, vivir la infancia y sobre todo jugar. Jugar muchísimo. Sus únicas preocupaciones tendrían que ser en cómo llegar a la pared sin que le pillen en un juego en el parque, en cómo secarse la camiseta mojada por un globo de agua para no llegar empapado a casa, en cómo salvarían ellos a la protagonista de un cuento que ha sido secuestrada por horribles piratas y en encontrar a sus padres o familiares jugando al famoso escondite.

La escuela que me gusta

Por José Martínez, docente.


No les diré esto o se lo diré muy maquillado porque sé que ello haría estallar las alarmas, pero lo haré, lo seguiré haciendo… Lo haré pese a cuestionarme cada día si voy por el buen camino. Ayer despedí niñas y niños curiosos, apasionados, ilusionados y sobre todo felices. Creo que ese es el camino y de momento creo que seguiré andándolo.

Sé que no he podido expresar todo lo que quería, sé que este texto me hará parecer presuntuoso para quien no me conozca, sé que me diréis que me creo mejor y que menosprecio el trabajo ajeno, que me equivoco. Que repetir a veces es bueno, que los deberes ayudan a crear hábito y reforzar contenidos, que hace falta memorizar, que los exámenes son necesarios y que se ponen muy concienzudamente y no aquellos que propone el libro, que los libros de texto ayudan y que los niños los necesitan para organizar el trabajo…


Tengo respuestas para ello, respuestas en la mayoría de ocasiones científicas y fruto de mis muchas experiencias, lecturas y formación. Sé que muchos de vosotros anteponéis vuestra experiencia a vuestras lecturas sobre pedagogía y vuestra formación, y lo respeto.
No pretendo polemizar y voy a intentar (no sé si lo conseguiré) no entrar en debates. Me encanta debatir pero ahora, de verdad, estoy muy cansado.


Sé que me equivoco muchísimo y aprendo a diario de mis errores pero también sé que a menudo maestros y padres tenemos nuestros estilos educativos por inercia o porque reproducimos modelos aprendidos. Intento cuestionarme todo y a partir de esas dudas aprendo a diario.


Confío en que algún día nuestros gobiernos den a la educación la importancia que tiene, que miremos a modelos educativos que funcionan, y que en vez de mirarnos la escuela franquista y postfranquista en la que estudiamos muchos de nosotros, nos miremos en la escuela de los países nórdicos. Confío en una escuela amable, que enseñe a cooperar y que sepa potenciar las fortalezas de cada niño. Si son curiosos, espontáneos, críticos y apasionados van a aprender: segurísimo.


Confío en una escuela con maestras y maestros apasionados por su trabajo, muy formados y que siempre tengan un corazón de niño latiendo fuerte. Luchemos por ello.


Fuente: http://yopongolapluma.blogspot.com.es/2015/06/la-escuela-que-me-gusta.html

Mi experiencia práctica de la escuela en casa

Mi nombre es Miguel Cid, soy maestro y un principiante en el ámbito de la libre educación. Soy seguidor de su página y me gustaría contar mi experiencia con mis alumnos. Su madre está totalmente de acuerdo en publicar este documento, de hecho ha sido idea de ella, para mostrarles a los padres y madres otro camino posible en la educación de sus hijos.


Hace ahora 5 meses, una madre me llamó para impartir a sus hijos una educación-formación alternativa al sistema educativo actual, debido a que han tenido malas experiencias en varios centros y querían/necesitaban un cambio. Por ello, me informé sobre la metodología que la madre quería y sobre los distintos tipos de enseñanzas que se adecuaban más a sus condiciones.

El trabajo realizado en casa con sus hijos combina por un lado «homeschooling» y por otro «el método Montessori». Para aclarar conceptos, homeschooling consiste en educar en casa como alternativa al sistema educativo ejercido en los colegios e institutos, en los cuales, los alumnos carecen de motivación, de atención individualizada y de una enseñanza más práctica y adaptada a la vida real.

Por otro lado, el método Montessori se basa en trabajar sobre los intereses individuales de cada alumno/a y, a partir de ello, introducirles y aclararles conceptos dudosos, siendo el papel del docente más como guía que como profesor.

Puede que para muchos padres y madres estos conceptos suenen a una enseñanza futurista o poco convencional, pero hay países que llevan años utilizándolos y los resultados son notables.

Con dichos métodos podemos respetar los ritmos de aprendizaje, las necesidades, intereses y habilidades de cada alumno/a y cambiar la idea de aprender para aprobar un examen por la de aprender por aprender, por ampliar conocimientos y por interés personal. Aquí no hay niños/as que se queden atrás, no hay presión por las notas, no hay autoestima baja por terminar los ejercicios más tarde que sus compañeros y no hay presión para los profesores por dar un temario cerrado en un tiempo concreto, lo que se refleja en el ambiente relajado de la clase.

La escuela en casa ha recibido algunas críticas por el hecho de ser impartidas por familias sin experiencias educativas o porque los alumnos no lleguen a desarrollar un nivel adecuado de socialización. Para todo ello hay solución. En primer lugar, aconsejo a toda familia interesada en informarse de en qué consiste la escuela en casa, qué metodología seguir, como impartir las clases…para todo ello hay multitud de páginas web sobre el tema, además de muchos (demasiados) profesores sin trabajo que pueden apoyarles o realizar dicha función (como es mi caso).

Con respecto al tema de la socialización, según Adrián Candela, catedrático numerario de bachillerato: “los estudios existentes han venido a demostrar que los alumnos educados en casa son más maduros y están mejor socializados que muchos educados en la escuela”.

Se ha demostrado en numerosos estudios que los adultos que se educaron en casa tienen habilidades de comunicación, nivel laboral, económico y social igual o mejor que los que se educaron en colegios. Por lo tanto, esta opción educativa no crea, precisamente, desadaptados.

No hay una metodología que se considere «la mejor» ante las demás, es competencia de los padres saber elegir cual se adapta mejor a sus hijos.

En mi caso, en un día normal de clase los niños trabajan en algunos de sus proyectos, desayunan y tienen tiempo libre, ellos son los que eligen qué quieren hacer y cuando. Siempre hay temas de interés para trabajar e investigar, lo que les desarrolla el sentido de la iniciativa y autonomía. No se pretende que los chicos den una respuesta cerrada a las típicas preguntas de clase, sino que indaguen en el conocimiento de un tema y se impliquen por ellos mismos.


Otro aspecto importante es que no hay deberes, cosa impensable en el sistema educativo español hoy día. Aunque yo recomiendo siempre hacer algo de lectura, siempre de manera voluntaria. En concreto, mis chicos se han leído unos ¡¡20 libros en 4 meses!! Y cada dos semanas quieren volver a la biblioteca a por más, lo que se ha traducido en una mejora de la expresión oral-escrita y corrección de los errores ortográficos.
Por poner algún ejemplo real de proyecto trabajado en clase, destaco el que hicieron de Egipto. A través de dicho proyecto, pudieron trabajar sobre los dioses, los números romanos, las culturas antiguas, las religiones, costumbres, construcciones, formas poliédricas… en fin, a partir de una idea inicial se pueden trabajar multitud de contenidos adaptados a sus edades e intereses. Otra cosa que les encanta hacer en la clase son los debates, investigar sobre temas paralelos y argumentar, respetando el turno de palabra y la opinión del contrario.

Además de los recursos que ofrece Internet, encontramos más recursos en bibliotecas, en museos, en zoos, en casas de la cultura…

Cualquier niño/a que comienza a trabajar con estos métodos mejora en confianza, autoestima y autonomía, aspectos básicos para su desarrollo personal.

He impartido clases extraescolares y particulares, y trabajado en varios colegios pero la experiencia actual me ha podido abrir la mente hacia un mundo completamente nuevo en el ámbito educativo, aunque también he podido comprobar lo atrasados que estamos con respecto a este hecho.

Esto es todo.

Muchas gracias por la página que tenéis, me soluciona muchas dudas y subís cosas muy interesantes.