(darle) La vuelta al cole

Fernando Orozco Jabato
Parece un momento propicio para ponerse a pensar en la educación ahora que casi todo el mundo vuelve al cole – no sólo el alumnado y el profesorado, padres y madres vuelven también ya que el calendario escolar, de un modo u otro, marca los ritmos de la sociedad entera. Nada nos parece más natural que la escuela; y sin embargo nuestro sistema escolar obligatorio es un invento relativamente reciente. Nace a principios del siglo XIX en el Estado Prusiano y se extiende e implanta en occidente con una velocidad asombrosa. Su objetivo explicito era claro: formar empleados para el inmenso aparato estatal que requería el nuevo modelo político, formar trabajadores que alimentasen las fábricas que sustentaban el nuevo modelo productivo y tener soldados en la reserva para batirse el cobre en las guerras imperialistas que la historia dejaba entrever en el horizonte. Las academias de infantería y las nuevas penitenciarías que empezaban a proliferar sirvieron de modelo para esta increíble obra de ingeniería social. Su pretexto, el igualitarismo y la libertad ilustradas. Sus recetas de aprendizaje, la segregación por grupos de edad, un currículum pre-establecido, graduado y por materias, exámenes y calificaciones. Y así nació y ha continuado la escuela con unos pocos cambios – no tantos – hasta hoy.

Nada nos parece más natural que la escuela, nada menos cuestionado que el colegio; su pertinencia, la necesidad que de ella tenemos todas las sociedades, casi nunca es puesta en tela de juicio. La escuela es fuente de progreso, de desarrollo, de libertad, de cultura. Y sin embargo al mismo tiempo es difícil encontrar a quien se sienta plenamente satisfecho con ella. El porcentaje de fracaso escolar en nuestro país – y en casi todos – es alarmante, la conflictividad y violencia en las aulas resulta ya en muchos casos ingobernable, cada vez más chavales y chavalas son diagnosticados con síndromes y patologías que sólo tienen sentido dentro de ese modelo escolar concreto y que por ello no es descabellado pensar que son producidos por la propia institución escolar y la dificultad creciente que niños y niñas experimentan al intentar encajar en ella. Gran parte del profesorado está quemado, desencantado o deprimido, y una importante cantidad de alumnos y alumnas, estresados o aburridos como ostras. Y es que el mundo que habitamos no es ya la Prusia del siglo XIX, los niños y las niñas no son del siglo XIX, las habilidades necesarias hoy no son las del siglo XIX, pero cada mañana niños y niñas de todo el mundo, maestros y profesoras, viajan en el tiempo y pasan unas cuantas horas en la Prusia del siglo XIX. Este año se ha dado a conocer un documento llamado Manifesto15 que promueve la reforma de los sistemas educativos. Según este texto la situación actual es que se está intentando enseñar a niños 3.0 con un sistema educativo 1.0, y nos da unas claves para entender qué tipo de educación sería adecuado a las nuevas generaciones y pertinente en la era digital de la información. Se trata de una educación democrática, autodirigida por los alumnos, flexible, libre de exámenes y sin un currículo predeterminado. ¿Pero esto es posible? ¿cómo saber si podría funcionar?
Es bien sabido –pues los medios se encargan periódicamente de repetírnoslo machaconamente– que España obtiene uno de los peores resultados en el informe Pisa, que mide la calidad y eficiencia de los sistemas educativos de diferentes países. El país mejor calificado por ese informe es Finlandia. allí los alumnos tienen menos horas de clase, hay menos alumnos por clase, los profesores están mejor pagados y son una de las profesiones con más prestigio. Los currículos son flexibles y abiertos, también los grupos. El alumnado tiene más responsabilidades y libertades dentro del ámbito escolar. No hay prácticamente exámenes y desde luego nunca para los niños y niñas de menor edad. ¿Qué hacemos ante esta situación? ¿Mirar a Finlandia? No, que va, la receta para España es más de lo mismo: fijar, determinar y cerrar aún más el currículo, aumentar la ratio profesor alumno, reducir el sueldo al profesorado, aumentar controles y exámenes, dar más peso a las calificaciones y menor responsabilidad al alumno en su propio proceso de aprendizaje. Einstein definía la locura como hacer una y otra vez lo mismo esperando obtener resultados diferentes. Está claro que según Einstein en España – y en casi todo el mundo – estamos locos.
Y sin embargo lo que parece una locura es cuestionar el cole, intentar cambiarlo. Pero la realidad es que la Unescolleva ya unos años pidiendo una reforma global radical del sistema educativo que responda a las características de un nuevo tiempo; su modelo está ya definido, y no se parece en nada al actual, y sí mucho a las diferentes alternativas educativas que desde hace décadas vienen desarrollándose. Se parece mucho más a las propuestas del Manifesto 15 que a la Prusia del XIX. ¿Pero cuáles son estas alternativas educativas? Son las que nos muestran que no sólo otra educación es posible, sino que ya está sucediendo en muchos lugares, las que nos prueban que sí, que funciona, de forma diferente a la escuela convencional.
Ahora que casi todo el mundo vuelve al cole, familias de todo el mundo – y aquí en España también – celebran la Jornadainternacional por las libertades educativas (JILLE). Se trata fundamentalmente de familias cuyos hijos aprenden fuera del sistema escolar, sin escuela, en casa, o también en diferentes escuelas libres, activas, democráticas, en comunidades de aprendizaje y otras experiencias la mar de interesantes. Niños que no van al cole, que aprenden con sus familiares, amigos y vecinos, niños y niñas que van a escuelas en las que no hay horarios, ni asignaturas, ni exámenes, chavales y chavalas que desarrollan libremente sus propias capacidades guiados por su curiosidad, siguiendo sus pasiones, acompañados de adultos a los que trasmiten su entusiasmo. Es de estas alternativas de donde bebió Finlandia, y a donde mira la Unesco; Sumerhill, Sudbury, el Pesta, Waldorf, pedagogías holísticas, aprendizaje autónomo sin escuela, educación comunitaria o grupos de aprendizaje.
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¿Tienen los niños demasiadas vacaciones escolares?

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Por Alejandro Nieto González
En plena Semana Santa seguro que muchos padres se preguntan si el sistema de vacaciones escolares español es disfuncional. Es complicado compatibilizar la jornada laboral con el cuidado de los niños si tienen muchas más vacaciones que los trabajadores, y la pregunta es si esto es normal o somos una excepción dentro de Europa.
La respuesta es curiosa. Los alumnos españoles tienen algo más de vacaciones que la medida de OCDE pero no estamos muy descolgados. Por ejemplo, si elegimos a Alemania, tienen ahora mismo dos semanas de vacaciones escolares, Semana Santa y la próxima semana entera.
Siguiendo con el ejemplo de Alemania tienen también una semana en otoño, dos semanas en Navidad, una semana en carnaval, dos semanas en el Pentecostés y seis semanas en verano. En total 14 semanas de vacaciones al año. En España son 2-3 en Navidad, una en Semana Santa y unas 10-12 en verano, además de algún día suelto. Un poco más pero no exageradamente por encima.
Curiosamente, y a pesar de tener más vacaciones que otros países, en España los niños tienen más horas lectivas que el resto de países, y además muchas veces partidas por dos horas o dos horas y media de comida y recreo. Es decir, las jornadas escolares muchas veces están adaptadas a las necesidades de los padres, si exceptuamos las vacaciones.
Por tanto no parece tener mucho sentido reducir las vacaciones escolares si lo que buscamos en equipararnos a países que tienen éxito. Nuestros alumnos ya pasan muchas horas en las aulas y si reducimos las vacaciones deberían tener menos horas de clase al día, lo cual también supondría un problema para los padres. La conciliación tiene que venir, por tanto, de parte de los trabajos, no de los alumnos.

Mens lúdica in córpore sano


Barcelona, verano de 2013.


Disfrutando como una enana de los mundiales acuáticos que daban en la tele. No de todo. Pero sí de esto, los saltos. Al acabar las pruebas, y sin ningún interés por ceremonias de proclamación de nada, de pronto me vino una reflexión que enlazaba con la educación, la escuela, o como diantres queramos llamar al sinsentido que entre todos hemos hecho tan difícil de desincrustar. Permitidme que la comparta ahora con vosotros. Gracias.

Orlando Duque
La competición de saltos de gran altura (o high diving) recién terminada en el Moll de la Fusta es a la de saltos desde trampolín/plataforma como la escuela libre a la dirigida.
En la primera, la piscina, 99% técnica, entrenamiento, presión y caras serias. Solo una saltadora británica (y los checos, que llevan el buen rollo en la sangre) se han salido un poquito de la norma y abanderado el 1% de quienes saben pasarlo bien en momentos de gran peso y concentración. Por no hablar de algun@s entrenador@s, cuyo gesto cuando su pupil@ “fallaba” parecía albergar amenaza y frustración a partes iguales. 
En la segunda, las aguas abiertas, lo que he visto me ha dejado encantada. Un puñado de saltadores desafiando 27 metros de caída libre, con el esfuerzo técnico, autocontrol y coraje que la prueba exige, pero sin perder la sonrisa espontánea (no la mueca forzada de las nadadoras de sincro, ojo), empatizando con el público y aplaudiendo entre abrazos cada último salto de sus compañeros y rivales. Otro ritmo. Otro enfoque.
Al final, oro para el singular clavadista colombiano Orlando Duque (¡38 apolíneos años!) y caras de ALEGRÍA en todos. El cuarto clasificado, un checo, lejos de representar la derrota, va y nos regala un genial salto simulando a Supermán, con una tela roja atada al cuello a modo de capa. 
Esta máxima de “mens lúdica in córpore sano” (que me acabo de inventar, claro, pero debería existir) ilustra maravillosamente bien lo que para mí, para muchos, hay que buscar en la educación de nuestr@s hij@s. 
Raquel Rodríguez

Testimonio: reflexión sobre la vuelta al cole

Una mamá educadora en casa y miembro de la Plataforma por la Libertad Educativa nos hace llegar esta reflexión ante el ajetreo generalizado por la vuelta al cole. Por su expreso deseo, el texto se publica sin firma. Asimismo, ruega disculpen cualquier error lingüístico, pues el español no es su primera lengua.




Quería compartir lo que iba observando hoy, después de estar muchos días sin entrar en la “metrópolis” (vivo en zona rural), quizás por esa misma razón y por el hecho de que nuestra hija nunca ha estado escolarizada, me ha impactado aún más lo que iba observando mientras hacía mis recados en un gran centro comercial.

He notado que la actitud de los padres y madres (la verdad, eran más madres que padres) hacia sus hijos casi todo el tiempo era de falta de paciencia, de tensión general, llegando al abuso verbal y psicológico, e incluso físico (una madre le pegó a su hijo en el trasero, cuando ese se iba quejando de algo repetidamente, mientras estaban delante de los libros escolares y con su lista de compra en la mano).

Vi madres agobiadas.

Los niños, por su parte, algunos estaban fuera de sí, dando voces y gritando en las tiendas, vi a varios provocando a sus hermanos pequeños. Había mucha energía física por su parte… pero sin posibilidad de canalizarla de manera sana.

Todo lo que he observado y contemplado hoy me ha hecho sentir cuánto me alegro de que nunca heayatenido que seguir los órdenes del consumismo de la vuelta al cole, ni sentirme obligada a comprar ropa nueva, ni tener gastos en listas de materiales escolar, libros de texto, etc. Observaba un ritual social sin formar parte de ello. Me entristecía ver el esfuerzo que han de hacer algunas familias, que a lo mejor no tienen trabajo y no llegan a fin de mes, pero se ven obligadas a gastar mucho dinero en un material que ni siquiera pueden elegir.

Además, muchos padres y madres se alegran de que llegue septiembre y empiece el curso escolar porque no saben realmente estar juntos, en familia. 

Me siento afortunada de que nuestra familia esté feliz de estar juntos, que sólo nos hemos separado cuando todos hemos querido, que nunca hemos dicho “menos mal que ya se acaban las vacaciones”. Me siento afortunada de poder ignorar el consumismo escolar, y seguir simplemente haciendo como siempre vamos haciendo, comprando sólo lo que necesitamos o lo que queremos, viviendo nuestra vida y aprendiendo juntos por el camino.


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Una m